Espacio educativo "Ana Frank: una historia vigente" en Laguna Paiva
- Evangelina Hamet
- 7 nov 2018
- 2 Min. de lectura
Ana Frank escribió sobre muchos temas en su diario, algunos más triviales, cotidianos pero también importantes preguntas y cuestiones como la justicia, discriminación y violencia, que hasta hoy continúan vigentes.
El nazismo y la dictadura fueron la expresión extrema de la discriminación y la violación de los derechos humanos. Sin embargo no han sido desterrados. Hoy se manifiestan en otras formas, de maneras más sutiles o menos masivas.
Las diferencias religiosas, de condición socioeconómica, de elección sexual, de nacionalidad, reflejan la imagen cotidiana del presente de nuestro país.
Muchos somos testigos u observadores, víctimas y a veces protagonistas de diferentes tipos de violencia y discriminación. Algunas se denuncian, otras se ocultan. Y a veces, aunque no medien las palabras, hay gestos, insinuaciones, que nos permiten descubrir que una persona está sufriendo. Y es eso lo que nos convoca a reflexionar…
Las personas víctimas de hoy, que sufren daño o perjuicio generado por otros, quienes padecen como consecuencia del odio, la persecución y el ensañamiento, persisten día a día a pesar de las dificultades, luchan para ser aceptadas, están en la constante búsqueda de su propio bienestar, para poder disfrutar plenamente de su dignidad. Están haciendo lo que Ana Frank sólo pudo soñar, como está escrito en su diario: “No seré insignificante, trabajaré en el mundo y para la gente; y ahora sé que lo primero que hace falta es valor y alegría”.
En este contexto, ¿qué importante es el rol del protector, no? Aquel que con un fuerte compromiso por la ética, la justicia y la sensibilidad ante el dolor de otros, asume la responsabilidad de proteger a las víctimas. Son personas que se involucran, que intervienen, que denuncian, que crean, que construyen, que donan su tiempo… Son las que le enseñan al mundo a seguir siendo humano en medio de tanta inhumanidad.
La humanidad camina entre luces y sombras, dolores y esperanzas. Es necesario tener memoria de lo que ocurrió hace un tiempo atrás, no para quedarse en el pasado sino para iluminar el presente y desde ahí construir nuevos caminos de convivencia en la diversidad y en la cooperación para alcanzar la paz.
La lucha en defensa de los derechos humanos marcó caminos de resistencia y de conciencia, no se trata de paliar el dolor únicamente, sino de promover una fuerza transformadora de la sociedad, reclamar a los gobiernos el ejercicio pleno en el hacer democrático de participación y derechos ciudadanos, de trabajar para desterrar la impunidad.
En esta semana de trabajo, compromiso y dedicación, los guías voluntarios de este espacio educativo, asumieron la tarea de transmitir a cada niño, joven y adulto no sólo la vida de Ana Frank sino que también los valores que les permitirán forjar una sociedad más libre y más justa.
Avanzar en esta línea seguramente significará replantearnos muchas acciones pero que son necesarias si queremos vivir en una sociedad donde se respeten los derechos humanos.











Comentarios