Transformando la educación. "Acá no se repite, se avanza"
- Evangelina Hamet
- 7 nov 2018
- 9 Min. de lectura
El proyecto educativo de la Escuela “Pascual Echagüe” N° 570 y por qué se distingue de otras instituciones. La lucha de sus docentes por llevarlo adelante. El difícil contexto sociocultural que rodea la vida de sus estudiantes.
Son las 7 de la mañana. Pleno barrio San Lorenzo. Es lunes y Adrián se prepara para asistir a clases. Con el estómago vacío emprende el camino hacia la escuela primaria “Pascual Echagüe”. Su casa está ‘pegada’ a la Avenida Circunvalación que sirve a modo contención para que el Río Salado no vuelva a inundarla como en el 2003.
Son 6 cuadras y Adrián, con sus zapatillas gastadas que le compraron en la feria del “trueque” de la Estación Mitre, con su pantalón y su remera hecha hilacha camina bajo la lluvia y siente cómo las gotas mojan su pelo, se deslizan por su cara y humedecen su vestimenta. Llega a la escuela y se reúne con sus compañeros para desayunar en el comedor.
Hoy le toca cursar Matemática. Su carpeta está húmeda, y un compañero le ofrece una hoja. Adrián es bueno para las matemáticas porque ayuda a su mamá a hacer cálculos cuando tienen que vender los cartones que juntan por la ciudad en las horas que no va a clases.
La escuela a la que asiste Adrián ha tomado la iniciativa de una educación con una modalidad de “Avance Continuo”. Este proyecto es una alternativa para evitar la repitencia, la deserción y mejorar la calidad de los aprendizajes, basándose en una pedagogía que propone una reconstrucción grupal del conocimiento y atención a la diversidad.
Los orígenes
La institución fue creada el 26 de febrero de 1929 con el objetivo de educar a la población más vulnerable que comenzaba a crecer en el sur-oeste de la ciudad de Santa Fe. En 1955 se trasladó de un salón en calle Jujuy y Dr. Zavalla hacia el actual emplazamiento ubicada en Entre Ríos y Dr. Zavalla. Fue primaria hasta 1998, año en el cual se modifica la Ley Federal de Educación y pasó a ser Educación General Básica (E.G.B), es decir, de primero a noveno año. En 2009 queda sin efecto y se implementa otra a partir del 2010, abandonándose la E.G.B y el polimodal.
Desde el 2014 tiene otro condimento más que es la Jornada Ampliada: una propuesta del Ministerio de Educación de la Provincia, en la cual se extiende dos horas la actividad escolar, promoviendo la pedagogía emprendedora y la enseñanza de artes e idiomas. En la Echagüe se implementa a partir de obras de teatro, danza, ajedrez, música y huerta. Marcela Bazet, maestra que hace 12 años trabaja en la institución considera que es un gran avance y cuenta: “Los chicos ingresan a las 8 de la mañana y permanecen con actividades que los estimulan hasta las tres de la tarde. También se les da el servicio de comedor que incluye desayuno, almuerzo y merienda. Se los contiene y a la par se les va ofreciendo el aprendizaje, que es el rol fundamental de la escuela”, relata la docente.
A su vez funciona un Consejo de Convivencia Escolar, que tiene como objetivo prevenir conflictos. Desde la institución manifiestan que los problemas se relacionan con cuestiones sociales. “Hay 7 bandas en el barrio, y acá vienen chicos de todas las bandas, tenemos que convivir con ellas”, afirmó Bazet.
A las 12 del mediodía suena el timbre, Adrián sale presuroso de uno de los seis salones que cuenta la institución. Se dirige hacia el comedor mientras recorre el amplio pasillo con paredes despintadas que en parte son cubiertas por afiches, algunos de los cuales él también realizó.
La estructura edilicia contrasta entre una gran biblioteca, un salón de usos múltiples, una cocina con buen equipamiento, al igual que las salas de computación y tecnología, mientras que en otros lugares el paso del tiempo ha dejado sus huellas.
Con hambre no se puede pensar
La realidad que viven los niños que asisten a la escuela Pascual Echagüe se caracteriza por tener sus necesidades básicas insatisfechas. Carecen de una buena alimentación, una vivienda y un ingreso económico familiar adecuado, lo que repercute directamente en su aprendizaje.
Las experiencias que sufren desde muy jóvenes tienen a la violencia, el maltrato y a la delincuencia como protagonistas. Estas circunstancias negativas generan el abandono prematuro del sistema educativo para ir a trabajar o a mendigar. El director de la escuela, José Troncoso, contextualiza la situación diciendo: “Cuando ingresé al establecimiento, en el año 1988, había pequeños grupos violentos en el barrio, después se fue acentuando más. Además, siempre hubo trata de personas, lo que ha generado que se piense a la mujer como esclava, y la única época en la que se le tiene consideración es cuando está embarazada”. -El embarazo precoz es también otra de las causas de deserción de las niñas- advierte. “Hoy, muchos de los niños junto a sus familias viven de la recolección de cartones, y sus precarias viviendas hacen que estén muy vulnerables a los abusos desde muy chicos”.
Por lo tanto, a partir de una niñez atravesada por estas dificultades surge la problemática de parte de los maestros de cómo educar y abstraerlos de un medio desfavorable, de manera que puedan aprender con libertad, tranquilidad y autonomía. El especialista en educación, Paulo Freire, afirma que al enseñar se debe, en primer lugar, conocer la situación en la que se encuentra el educando. Para ello el educador necesita ser ético y respetar los límites de los educandos, pero a la vez le corresponde ayudarlo a buscar un camino adecuado hacia su formación. En este sentido, Ana Trevisani, maestra del establecimiento narra: “En el 2009 hago mi práctica de residencia, lo cual me implicó enormes montos de desestructura porque no iba a hacer la práctica en cualquier escuela sino a la Pascual Echague. Sin embargo, una vez recibida en marzo 2010 estaba esperando que la directora me anote fuera del escalafón –como se hacía en aquel momento-, empecé a reemplazar y hasta la fecha sigo eligiendo esta institución”. Con respecto a la relación con los alumnos dice: “El vínculo con los niños es primordial. A veces somos el único referente adulto que tienen. Suelen venir muy inquietos de sus casas, entonces hay que contenerlos, que se calmen y escucharlos. Trabajamos desde la palabra, y en los diferentes proyectos se toma en cuenta sus intereses y necesidades”.
Repensar la escuela
“Nadie estaba pensando en la educación”, sentencia Troncoso. “En los años de la última dictadura argentina la enseñanza no escapó de la disciplina militar. Aquellos que reflexionaban sobre el aprendizaje debieron abandonar el país, ya que cualquier tipo de pensamiento transformador equivalía a subversión. Entre ellos marcharon por ejemplo la pedagoga Emilia Ferreiro, discípula de Piaget, que siguió su tarea en México, sin embargo a Argentina no llegaba nada de nada”, afirma, y continúa diciendo: “Las currículas estaban pensadas para un niño estándar. Las maestras recibían un cuadernillo con los contenidos, estrategias y experiencias a implementar. El alumno que no alcanzaba las expectativas del grado se quedaba atrás hasta que lo hiciera”.
Hace 30 años, con la llegada de la democracia, comenzó un periodo de transición en el que se volvió a pensar la enseñanza con la participación de todos los actores del sistema de educación. En este contexto de apertura, los docentes de la escuela Echagüe empezaron a manifestar una preocupación de larga data: la cantidad de niños que repetían y dejaban de ir a clases era extraordinaria. Se preguntaron por qué fracasaban y se estancaban en el trayecto escolar, lo que los llevó a una situación incómoda: hacer una crítica sobre su trabajo. Llegaron a la conclusión de que tenía que ver con las metodologías y formas de organización rígidas propias del sistema educativo.
Según narra el director “el Proyecto de Avance Continuo comienza en 1983-1984. En ese momento había un grupo de docentes que empieza a observar los índices de repetición y desgranamiento, eran del 40 y 70 por ciento respectivamente, una locura, no llegaba nadie a séptimo. Entonces, se tomó la experiencia de los cantones suizos sobre la individualización del aprendizaje, con un sistema de fichas que desglosaba en secuencias de contenidos y objetivos de simples a más complejos. Se hicieron aproximadamente 600-700 fichas por salón donde estaban todas las áreas, y en la misma secuencia la evaluación”.
Esta metodología de trabajo con base en fichas pretende individualizar la enseñanza. La idea surge en algunos países europeos a finales del siglo XIX con el objetivo de satisfacer los intereses y las necesidades de cada alumno y las características de las materias de aprendizaje. El pedagogo Robert Dottrens fue el que ideó este sistema y lo describe como una herramienta necesaria cuando se trabaja con alumnos que terminan más rápido que el resto de la clase y con estudiantes que requieren recuperación.
Bajo esta modalidad, la maestra redacta las fichas ordenadas temática y progresivamente para ser resueltas por sus alumnos. La técnica permite que éstos aprendan de acuerdo con sus propios ritmos.
Prueba y error
Al comienzo, el método de enseñanza individualizada funcionó superando las expectativas: nunca antes los contenidos se habían podido profundizar como entonces. Pero todo experimento tiene a veces resultados inesperados: unos años después se desarticula el sistema. Troncoso explica: “Las maestras antes eran unas artesanas de primera categoría al momento de hacer algo para los alumnos. Las fichas estaban confeccionadas con absoluta dedicación: subrayadas, pintadas y adornadas hermosísimas. Hay que entender que nuestros niños provienen de un contexto muy pobre, de desposesión total, por lo tanto cuando agarraban las fichas no las querían devolver. Se generaron numerosos conflictos entre los chicos, incluso competencia por quien tenía más. Lo que para nosotros era una idea interesante generó actitudes individualistas terribles”.
Así es como comienza una segunda etapa en la búsqueda de alternativas de aprendizaje, y se topan con INCUPO (Instituto de Cultura Popular) que publica una serie de bosquejos relacionados con técnicas participativas para la educación popular. Inspirado en ellos nace el actual Proyecto de Avance Continuo (P.A.C.) que tiene como principios básicos perfeccionar el estudio individual y grupal mediante talleres, diseño de estrategias en equipo y práctica en el aula; el respeto de la individualidad de cada alumno favoreciendo su crecimiento en actitudes interactivas, reflexivas, creativas, solidarias, estimulando un avance constante, sin repetir, sin nivelarse con nadie; la promoción de la integración de grupos de docentes, no docentes, alumnos, padres, vecinos para realizar proyectos que articulen la acción comunitaria en el proceso de aprendizaje.
“Tenemos una Escuela No Graduada, rompemos con el grado ya que pensamos que no hay dos personas iguales”, sostiene el director, y a su vez precisa: “No creemos en las notas numéricas, porque son un arma para el maestro: ‘ahí va el 1’, ‘ése es el 5’. Estamos usando la autoevaluación: los niños opinan sobre su trabajo durante el bimestre y se van poniendo las calificaciones”.
Esta forma de trabajo implica un criterio de autoridad que permite el desplazamiento de los lugares del saber. Se valora y evalúa procesos, se respeta tiempos y ritmos singulares y se propicia la conformación de vínculos habilitantes para el aprendizaje.
La docente Bazet manifiesta que “es muy positivo ya que los chicos logran mayor nivel de autoestima, rescatamos sus fortalezas para que puedan seguir avanzando en los niveles, algunos llegan con la edad superada porque les llevó más tiempo completar los talleres, y aún así no abandonan”, y agrega: “Muchos de los alumnos avanzan a su ritmo, pero siempre siguen adelante”.
Rompiendo esquemas
El giro a un régimen novedoso por parte de la institución no siempre ha sido un camino fácil. Ha generado críticas y escepticismo por parte de otros docentes y padres que prefieren enviar a sus hijos a escuelas más lejanas con “métodos tradicionales”. “Antes cuando un chico se cambiaba de escuela y sabían que era de la Echague lo ponían en grados inferiores porque no confiaban en nuestro sistema”, asevera el director. Sin embargo, el Ministerio de Educación intervino y luego de minuciosas evaluaciones por un periodo de tres años emitió un documento avalando a la escuela para que a ningún niño más se lo discrimine por venir del otro lado de Zavalla.
Si bien la escuela Pascual Echague es la única en la ciudad de Santa Fe con un Proyecto de Avance Continuo, ya son 22 establecimientos educativos en el sur provincial que adoptaron esta modalidad que va en crecimiento y que el Ministerio decidió apoyar. Así lo demuestra el Congreso del Programa No Graduado que se realizó en Rosario hace dos años, con una convocatoria de 900 docentes del nivel primario, que tuvo como objetivo reflexionar sobre la experiencia de las escuelas que implementan un modelo de enseñanza por niveles.
En este sentido, Stella Lapelle, directora de la Región VII de Educación, que participó de la reunión, explica que el programa con promoción no graduado tiene vigencia hace 30 años, y remarcó que su puesta en valor adquiere un doble significado actualmente porque “las trayectorias escolares de los niños no se conciben como lineales sino de acuerdo a la posibilidad de aprender de cada uno”.
El programa hoy está reconocido por el Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe, se implementó el cargo de maestra niveladora y libretas especiales, pero es sostenido fundamentalmente por los docentes y la comunidad porque son los que experimentan la validez y efectividad del proyecto.
Concretamente en la Escuela “Pascual Echagüe”, se logró bajar la deserción, más estudiantes pasan al nivel secundario, logrando un crecimiento personal e intelectual, pero no hay que olvidar el lugar de donde vienen. A propósito de esto, Troncoso reflexiona: “Tuvimos que hacer pedazos una estructura para construir la nuestra, mirando a nuestros niños, no digo que no tengamos fracasos: a veces tenemos que enterrar a nuestros ex alumnos y eso nos duele profundamente porque significa que quedó y queda mucho por hacer”.
Suena el timbre, una marea de niños desborda los pasillos. Es hora de volver a casa. Adrián se acerca entusiasmado a la dirección para mostrarle a José los problemas matemáticos que resolvió en el día. El director con una sonrisa lo felicita y le pregunta si alguien lo acompaña a casa. Él asiente y sin más se despide: “Hasta mañana Pepe”.

Informe periodístico realizado con Eliana Moratiel y Sebastián Lapalma (compañeros de cursado de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación). Año 2016.










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